Escandalo


Si no fuese trágico (la muerte de cuatro jóvenes) la bárbara fiesta del Madrid Arena, parecería un sainete o una mala zarzuela. A la mañana o día siguiente del luctuoso suceso, la alcaldesa Botella, prometió prohibir cualquier evento multitudinario festivo-juvenil, en todo local de propiedad munícipe...  Después se marchó a descansar a un Spa  portugués.

Mientras los responsables del evento musical, se desmarcaban de cualquier responsabilidad, aduciendo falsas cifras de asistentes. Un día nos ofrecían  unos datos y al siguiente otras fuentes daban otros de mayor envergadura. El concierto contaba con todas las bendiciones de la administración... Pero miles de personas jóvenes con ganas de fiesta, solo contaban con unas pocas decenas de controladores mal preparados e insuficiente mente dispuestos.

Sabido es lo complejo de un evento de esas características. Sonido atronador por no decir desaforado, grupos chicos y chicas en busca de lo diferente, dentro de lo repetido hasta la saciedad, conversaciones a grito pelado, los grupos teloneros se sucedían en el escenario, mientras el número de asistentes no dejaba de crecer.

Una masa de gente, tiene pocas posibilidades de actuar de forma ordenada en casos de emergencia.    Mucho más con los condicionantes ya referidos.
Todas las papeletas de un posible descalabro estaban repartidas y solo sería una cuestión de suerte, ser un damnificado o no. Solo quien ha podido vivir situaciones parejas, sabe de las escasas o nulas posibilidades de una actuación ordenada de evacuación. No digamos ya, en este caso en que las actuaciones de los responsables, solo estaban condicionadas por el afán del lucro.

Añadamos a todo esto petardos o bengalas, irrupción desordenada de varios cientos más de jóvenes, con las prisas del momento y la circunstancia... gritos, desbordamiento de los responsables de los accesos, marea de cuerpos incontrolados por el pánico.
Ya solo restaba las previsibles consecuencias, trágicas pero posiblemente evitables con algo más de responsabilidad por parte de todas y cada una de las instancias. Ahora deben depurarse y castigar actuaciones, negligencias, olvidos y reiteraciones ...

Una dinámica de espectáculo debe o debiera, discurrir de forma equilibrada, entre el anuncio de los eventos y las consecuencias derivadas del mismo. Pensar que cientos de personas serán capaces de discurrir de forma tranquila y sin atropellos, por pasillos y rampas escasamente iluminados, espoleados por la prisa en encontrar un lugar en la planta baja, sin una mesura en la repetición de lo que podrá acontecer en cuanto a lo más álgido de la noche y me refiero a la actuación musical.
¿Cuantas más muertes serán "precisas" para que se terminen estas anomalías criminales? Lo fácil  es echar la culpa a los jóvenes por querer divertirse y no tomar ellos, las medidas correctoras. Quedarse en casita o irse de viaje como la señora Botella...