Pensé pedirle...

permiso para “ver” sus libros...
Muchas veces al visitar a un nuevo conocido y quedarme solo en la sala, al ver su librería, siempre sentí el impulso de ojear los lomos de lo expuesto. Casi nunca me equivoqué al sacar conclusiones en cuanto al nuevo personaje, por mor de lo que vi en cuanto a gustos en lo impreso.
Recuerdo que de niño pude visitar la biblioteca de lo que hoy es la residencia de verano de los reyes de España (Marivent) Y en ella y en escasos minutos me sentí impactado por la cultura de su propietario. Luego supe de su especial personalidad.

Saber de un “conocido” que tiene en su haber cultura y libros. Averiguar en que se sustenta parte de su sabiduría. Conocer en cuales fuentes bebió y/o bebe para tener los efectos de nuestra admiración... ¡Ahí es nada! Y después, pues eso, ver sus papeles
Ya podría ponerse de “moda” una ruta de las mejores bibliotecas particulares... para uso particular. Yo te doy mi dirección y una llave de casa y tú, en correspondencia lo propio. Luego ojeamos mis/tus libros y dejando unas notas manuscritas dentro de ellos, iniciamos un diálogo literario de usos y costumbres.

Y... ¿Porqué no? El pobre en recursos “libristicos” podrá hacerse de una cultureta. Mientras el rico, tendrá la satisfacción de haber sido un poco mecenas de ello. Tal que aquellos roperos de caridad de antaño (que tantas conciencias tranquilizó) Todo es cuestión de organizarse y conocerse, claro.
Espero que esta idea (¿nueva?) pueda interesar y alguien se ponga en contacto para iniciar una red que compita con tanta banalidad circundante...


Abajo (en los comentarios) podéis dejarme vuestro parecer... y dirección/nes
Un saludo