Reir, mejor que...


Vamos a por un poco de risa. Esta locuela frase, que parecería proceder de un desvariado personaje de sainete, o del dialogo de un chiquillo en sus juegos, no estaría de más en nuestro discurrir cotidiano y me explico yo. Suenan trompetas apocalípticas, por doquier y posiblemente un servidor de Dios y usted, sea uno de los sopladores, a cuen… de tanto desbarajuste circundante. Resoplan inquietantes vientos, unos devastadores y otros, meros desarregladotes de tupes o deslacados peinados. Resuenan voces atronadoras y vocecillas vocingleras, unas y otras cargadas de razones realistas u inconfesables malas fe. Unos bufan y otros ululamos, insultos o quejas. Otros refunfuñan por estar olvidados o demasiado recordados. Jadeamos unos y resollamos otros, por ahogos y carencias, casi nunca improcedentes. Enrabietados o no, rezongantes por derecho o sin él, la cosa es que el griterío comienza a ser general. El derecho al pataleo, el sofocar abroncando al asustado de turno, trinarle al desorientado, abuchear sin descanso, vocear nuestras verdades, de las del tamaño de esos famosos puños. ¿Mejorarán los disparates de algún mentecato desbrujuleado? ¿Escucharán los destinatarios de nuestras cuitas, el alto tono de nuestras quejas o los bemoles, les producirán más estupor del innato?
Creo o empiezo a creer… que falta un poco de sana risa. Risa por las meteduras de pata, sin olvidar el daño, inconsciente o no resultante. Risa por tanta frase sin contenido real o de una utópica irrealidad, por lo menos casi enternecedora. Escandalizarse o aullar, tanto despiste o metedura de pata. Creo que merece un descanso reparador, cuanto menos momentáneo y no estaría de más, el tomarse un poco a chacota la cosa. Desgañitarse ante tanto ridículo, llamar la atención ante el cúmulo de despropósitos, clamando seriedad, precisa de un poco de relajo. Riamos pues y tal vez el sonido de las carcajadas pueda hacer pensar a los distraídos, sean estos malévolamente actuantes u oriundos de inopia, que deberían tener un cambio de actitud.
Con toda la buena voluntad que se les supone y la tontuna que se les aprecia, no sobrará el cambio de la carcajada por el insulto. La descalificación por una ironía constructiva. El saber estar, frente al empecinamiento amenazante y alborotador. Queda pues, el ir a buscar un poco de humorística risa. Hallarla en el anaquel de esta nuestra autonómica patria, no es tarea difícil, pues el Circo está abierto y los payasos están en la pista… claro, pero sin olvidar los que se sientan entre el publico. O sea los Salvadores, en espera de su oportunidad. ¡Por favor a la hora del “premio”, olvidar el abucheo, tal vez merecido y por esta o esas veces rujamos de Risa!