Pastoriles

No es lo mismo, tener sentido del humor, que Humor para tener sentido. Esto, que parece un contrasentido, para este observador sufriente, es la esencia de la sostenibilidad personal propia. Así en mayúsculas, Humor para no perder el sentido de la vida perra, que nos toca vivir a la mayoría de los españoles de a pie. Humor, tenerlo para no echarse a llorar, para sonreír al menos, con la sonrisa casi forzada, al distinguir las infantiles patochadas, de tanto descerebrado que nos rodea. Y digo infantiles, por lo poco originales que resultan a la postre, pero no, por el daño que nos causa. Este es inversamente proporcional, a la distancia del causante, al sufriente. En otras palabras, cuanto más arriba está el mostrenco, que nos atenaza con su parida y más abajo los destinatarios de la misma, más se nota el peso del camino recorrido. Pues cualquier decisión, pasa por múltiples escalones de firme aceptación, no olvidemos que estoy hablando de gobernantes, ministerios, direcciones generales, delegaciones, administraciones periféricas, propias o asumidas autonómicamente, etc. etc. La cuestión parece o se asimila a los aludes, cuanto más alto está su origen, más volumen van adquiriendo en tamaño y velocidad. Solo nos queda en ambos símiles, correr y correr, para evitar el golpe. Conste que me refiero a las mentecatadas, que todos podemos ver a diario y no de forma esporádica.
El gobierno busca a diario, recetas que le permitan tener alguna credibilidad. De esa de que tanto escasea, poniendo parches a diestro y siniestro. Cuando por desgracia, para todos nosotros, es siniestro el resultado o muy poco diestro.
Parece un mundo al revés, esta España que nos toca vivir. Por norma o costumbre, el pastor y su perro, conducen al rebaño al pastizal para su sustento, después vuelta al redil. Mañanas de esquileo no le faltarán, para la recolección de la lana, para su mercadeo. Luego vendrán las ventas del ganado ya crecido o por crecer, para su sacrificio carnicero. Cuando el novel pastor se encuentra, con alguna circunstancia novedosa, no duda en pedir consejo al mayor. Y este suele dárselo sin segundas intenciones, o de mala fe. La confianza del solicitante en el aconsejador, le permitirá tomar las medidas adecuadas, para su trabajo.
Hoy la cosa va por otros derroteros, el Pastor Mayor, tiene descarriadas las ovejas, los perros… pues uno no le puede bastar para tanto rebaño, andan a la gresca por un hueso cualquiera, el pasto se agosta en la majada, el viento solano o ennortao, tramontano o no, deja su impronta en el asunto. El Pastor tiene averiadas las apreciaciones y en vez de haber pedido consejo para remediarse, le da por repartirlos fuera de su prado. Al tiempo, los lobos andan al asecho…
Pero que no nos falte el sentido del humor, para no perder el primero ¡Pardiez!