Oil...


Y no de cocinar, ese es el motivo tras el cual, los gobiernos ingles y argentino parecen empezar a mostrar opciones de acritud y posibilidades de brillos espadachines. Uno y otro empiezan por dar órdenes que posibilitan el retorno a un tiempo pasado, que mostró la cara menos civilizada del ser humano, el enfrentamiento bélico. Posiblemente esta vez no pase de meras bravatas, pero intereses económicos están tras ambos. Luego vendrán, si Dios no lo remedia, las palabras altisonantes de boca de los defensores de la patria y toda la parafernalia de gestos ofendidos y ofensores. El caso está en tapar las mezquindades del vil dinero. Inglaterra quiere hacer prospecciones petrolíferas, en el entorno de las Falkland Islands, mientras Argentina piensa prohibir el paso de cualquier buque que intente proponérselo, entre el continente y el archipiélago de las Malvinas. A pesar de la diferencia de nombre, ambos están refiriéndose al mismo archipiélago.
Una vez más el choque entre un país del llamado primer mundo y otro de un escalafón inferior. No olvidemos la situación antes de la guerra entre la dictadura argentina y el férreo gobierno de la señora Thatcher, los precedentes son importantes para entender las maniobras de todos. Unos para tapar las atrocidades de la sangrienta represión, otros para ganar popularidad después de un largo recorrido de gobierno, con su consecuente desgaste. Mientras unos habitantes mayormente postizos y convenientemente manejados, a base de prebendas y nacionalidad inglesa, muy diferente de las posibilidades de un gobierno propio o argentino, solicitan tener voz y voto, debidamente arengados. Detrás petróleo, el oro negro en posibles yacimientos submarinos, frente a la costa del cono sur americano, dará que hablar una vez más a los políticos interesados directa o indirectamente. ¿Otro enfrentamiento en ciernes? De estupideces similares nos tienen acostumbrados los políticos, los de antaño y los de ogaño.
Recuerdo con horror, el desfile de los soldados británicos por las calles de la City, entre los que había un pelotón de lisiados por la estrambótica guerra de las Falklan o Malvinas, con sus medallas y sus espantosas cicatrices, al finalizar esta. ¿Quién los recordó después? Mal halla de los gobernantes que empujan a su juventud, la de sus gobernados a guerrear por bastardos intereses. Luego otro, del mismo país, no se arrepiente de haberse enlodazado en otra aventura del mismo cariz. Me refiero claro está al pintoresco Blair y su corajuda alianza con el triste Bush, sin olvidar al chaplinesco Aznar.
Ahora y en plena crisis mundial, los vendavales de guerras, las de las noticias de prensa y las olvidadas, las que mantienen a los fabricantes de artilugios quita vidas o creadores de inválidos. Las que mercadean con el dolor de una importante parte de la humanidad de este inhumano mundo, para engrosar las cuentas de resultados de tantas compañías. Pueden tener otra opción más, como un producto bancario cualquiera, la posible “II War for Falkland” pero que se podrá subtitular “Oil´s Falkland War”
Otro recuerdo… ver regresar la triste estampa de un herrumbroso Canberra; el bonito trasatlántico, tantas veces visto pletórico de turistas en nuestro dique de la bahía de Palma, al final de la mencionada guerra.