¿Jeremiadas?

Poco cambia a mejor. Mientras el previsible Zapatero, pelotea al Obama, la bolsa europea le devuelve a la americana, el efecto simpatía con su reflejo descendente. La derecha zascandilea al poder establecido, mientras las cifras de desesperados crecen de forma exponencial. Los pescadores del río revuelto, que mendigaron y arramblaron con la parte del león, léase los adalides bancarios, se frotan las enguantadas manos, después de haber presumido de los efectos contables de su usura, anunciando a bombo y platillo, que sus estrategias de mercadotecnia, les producen miles de millones en beneficios. Las colas de aspirantes, a una mal pagada ocupación crecen y no de forma real estadísticamente hablando, al obviar el conteo de varias decenas millares de emigrantes, que ya tiraron por la calle de en medio, por no ofrecérseles el ansiado puesto laboral o las oportunidades del mal llamado primer mundo, fugándose a sus países. Las cárceles engrosan el elenco de personajes, de su particular Comedia, con inmorales politiquillos limpiadores de caja y maneras gansteriles. Al tiempo que en los desbordados juzgados, se amontonan sin resolver, los legajos de los chorizos de medio pelo, encarcelados o por averiguar. Las parejas se rompen, al tiempo que una de las mitades humanas, alentada por una ley desproporcional y anticonstitucional, se dedica a la caza de la otra mitad, en demasiados casos ya. El caos social, parece un reflejo del medio ambiental, tanto el producido por la mano de los bárbaros hunos de la especulación inmobiliaria, como por el descerebramiento planificador urbanizable. Las diferencias entre la subsistencia de demasiados y el lujo indecente de otros muchos, debería producir vergüenza ajena. El problema es que unos obvian la misma por desconocerla y otros por creerse ajenos a la misma. Ayer o anteayer, un iluminado modisto, se descolgó con unas soluciones empleadoras, poco novedosas por otra parte, que soliviantaron a miles de estupefactos lectores de la prensa, que acogieron sus malhadadas soluciones. La línea que divide a los que están seguros de su futuro, fuera de toda duda y los que apenas subsisten, tiene el mismo componente inmoral, que el de un muro vergonzante, por su óptica de desprecio de unos hacia otros. Nada tiene ese sutil muro que envidiarle a otros físicos, berlineses o palestinos.
A una parte y cada vez más importante, de la población de este país nuestro, solo se la esta apocando, a unas reacciones extremas de imprevisibles consecuencias sociales, poco margen va quedando para la aceptación y la paz social. Unas soluciones que despejaran este panorama, están lejos de los que las pueden propiciar, por desconocimiento y desidia de unos, o por la mala fe de los demás. Veamos que aguante tiene la deshilachada cuerda…